martes, 5 de junio de 2018

Haru

"-Para mostrar agradecimiento, podrías haber obedecido.Era suficiente y era lo que era necesario.
-No ha sido el agradecimiento lo que te ha impulsado a hacer este regalo.Si así fuera, habrías pensado en mí.Habrías limpiado la tienda, abierto con puntualidad, preparado el te.Ha sido la arrogancia la que te ha guiado, Haru.."

Esas lágrimas no son tampoco para mí. ¿Qué has hecho, Haru? ¿Con que peso has cargado tu alma?

De repente, a su lado, un pez salta del agua, para ver unos instantes la superfície.
¿Qué sabe este pez del mundo que existe fuera del agua?
Ese pez son las emociones, piensa Haru.
Salta, echa un vistazo, y cree que sabe, que tiene elementos suficientes para decidir.Las emociones te llevan fuera del río.Los sentimientos, al fondo del agua.La culpa que siente es la de un pez fuera del agua.Tame la comprendió, le enseñó su oficio con todos los secretos, la trató con respeto y sobre todo, confió en ella.Hasta el final.¿Por qué?

Hace días que no habla.Piensa en qué palabra será la primera que diga.Tiene claro que deberá ser necesaria.Llenar el aire con lo que hace falta decir.El sonido en el mundo no debería ser gratuito.
Decir, modifica la respiración,la interrumpe, la agita y la puede dificultar.¿Qué tienes que decir, Haru?

Cogió el espejo.¿Verse? No, no se veia.Si se hubiera visto, sabría de lo que era capaz.Y hubiera podido frenar su galopante egoísmo, su crueldad, su soberbia.Si pactas con la ignorancia, ganaré cada vez que presentes batalla"

"Haru se daba cuenta, más que nunca, que cada vez que se pierde la atención, se hiere a alguien.No hay Peor prisión que la de haber escogido el dolor de los otros para la comodidad propia."

lunes, 13 de noviembre de 2017

El príncipe que se creía un gallo


Érase una vez, en un antiquísimo reino, un joven príncipe hermoso e inteligente. Pero un día se le metió en la cabeza que era un gallo. Al comienzo, su padre, el rey, creyó que se trataba de una crisis pasajera. Pero cuando el príncipe se puso a quitarse los vestidos, a batir de brazos y a lanzar quiquiriquís como un gallo, el rey se lo tomó en serio. Mientras, el joven príncipe había elegido como morada debajo de la mesa del comedor y sólo comía los granos de maíz que le echaban sobre la alfombra real. El rey estaba muy triste al ver a su hijo en tal estado. Llamó a sus mejores médicos, magos, a los que hacían milagros. Todos trataron de razonar con el joven príncipe. Luego ensayaron sus medicinas y la magia.
Pero el joven seguía convencido de que era un gallo. Uno tras otro, fueron marchándose los médicos, los magos y los milagreros. El rey se sumió en una depresión muy profunda, convencido de que nadie sería capaz de curar a su hijo de aquella extraña enfermedad. Ordenó a sus sirvientes que prohibieran la entrada al palacio a todos los curanderos o buscadores de fortuna. Ya estaba harto.
Un día, un Sabio llamó a la puerta del palacio. El criado más fiel del rey entreabrió la puerta y vio a un anciano de ojos penetrantes que le miraba.
-He oído decir que el hijo del rey se cree un gallo. He venido a convencerle de su error.
El sirviente cerró violentamente la puesta diciendo:
-¡Tantos otros lo han intentado… y todos fracasaron! Márchate anciano.
Al día siguiente el criado oyó cómo llamaban insistentemente a la puerta. Una vez más entreabrió.
-Tengo un mensaje para el rey. -dijo el sabio desconocido.
-¿De qué se trata?-dijo el criado-Deja tu mensaje y lárgate.
-Dirás al rey exactamente esto: Para que alguien salga del barro, a veces es preciso que un amigo se meta en el barro con él.
El criado no tenía la más mínima idea del significado de tales palabras. Pero hizo esperar al Sabio fuera, en la puerta del palacio y fué a darle el mensaje al rey. Desplomado en su trono, escuchó el rey el mensaje enigmático. “Para sacar a alguien del barro, es preciso que alguien se meta con él.” ¿Qué significaba eso? Cuanto más lo pensaba, las palabras iban teniendo más sentido. El rey terminó por enderezarse y dijo:
-Que entre ese hombre. Voy a darle una oportunidad.
Ante el estupor general, el Sabio comenzó a despojarse de sus vestidos. El rey movió la cabeza. Delante de él había dos hombres completamente desnudos, debajo de la mesa real, lanzando ambos sus quiquiriquís como gallos.
Pronto el jóven príncipe le dijo al anciano:
-¿Quién eres y qué haces aquí?
-¿No ves-dijo el anciano-que soy un gallo exactamente como tu?
El príncipe estab feliz de haber encontrado un amigo, y todo el palacio resonó muy pronto con el ruido del batir de sus brazos y sus quiquiriquís. Pero al día siguiente, el Sabio salió de debajo de la mesa, se enderezó y se estiró con ganas.
-¿Qué haces?-pregunto el príncipe.
-No te preocupes-respondió el Sabio-No por ser gallo estas obligado a vivir debajo de la mesa.
El príncipe admiró la inteligencia de su amigo. Hizo como él. Efectivamente, era verdad: un gallo podía ponerse de pie, estirarse y no por ello dejar de ser un gallo.
Al día siguiente el Sabio se puso la camisa y los pantalones.
-¿Te has vuelto loco?-preguntó el príncipe totalmente sorprendido.
-Es que tenía frio.-dijo el Sabio- Además, no por ser un gallo pueden prohibirte que te pongas ropa de hombre. Sigues siendo un gallo.
Intrigado, el príncipe se puso su ropa.
Luego el Sabio pidió que les fuera servida la comida en las bandejas de oro del rey. Se puso a la mesa con el joven príncipe, y sin darse cuenta, el príncipe empezó a servirse y a comer con gran apetito.
Durante ese tiempo, el Sabio le hablaba con gran interés del los asuntos del reino. De pronto, el joven príncipe se puso en pie y exclamó:
-¿No te das cuenta de que somos gallos? ¿Cómo es posible que estemos sentados a la mesa, comiendo y discutiendo como si fuesemos hombres?
-Oye-contestó el Sabio-ahora te puedo contar un secreto: se puede vestir como un hombre, comer como un hombre, hablar como un hombre y seguir siendo gallo.
-Claro.-dijo el príncipe.

Pero el rey, que había estado escuchando atentamente la conversación, gritó al viejo sabio,lleno de indignación:

-¡Me has engañado, traidor!

-De ninguna manera – Respondió el sabio.
Cree usted que su hijo, el príncipe, ¿Está loco? En verdad, no menos que ninguno de los que están aquí: él cree que es un gallo, usted cree que es un rey, los comensales creen que son consejeros...


sábado, 27 de mayo de 2017

El hombre que hablaba con los animales (cuento sufí)

Un día un hombre se presentó ante Moisés y le dijo:
“¡Oh, Moisés! enséñame el lenguaje de los animales. Pues mi fe, con este conocimiento, no puede sino aumentar. En efecto, hay ciertamente lecciones que aprender en las conversaciones de los animales. Los hombres, por su parte, no hablan más que de agua y de pan.”
Moisés le respondió:
“¡Vete! No te ocupes de eso. Hay mucho peligro en esa empresa. Si deseas adquirir la sabiduría, pídela a Dios, ¡pero no a palabras, a libros o a labios!”
El deseo del joven no hizo sino aumentar con esta negativa, pues una aspiración que encuentra un obstáculo se convierte en deseo. El joven, pues, insistió:
“No te opongas a mi aspiración, eso sería indigno de ti. Tú eres el profeta y sabes que una negativa por tu parte me hundiría en la mayor de las tristezas.”
Moisés se dirigió entonces a Dios:
“¡Oh, Dios mío! ¡Este ingenuo ha caído en manos de Satanás! ¡Si le enseño lo que desea, corre a su perdición y si me niego, quedará lleno de rencor!”
Dios respondió entonces a Moisés:
“¡Oh, Moisés! ¡Haz lo que te pide, pues yo no podría dejar una plegaria sin respuesta!
-¡Oh, Señor! ¡Se arrepentirá amargamente, que no todos pueden soportar tal saber!
-¡Acepta su petición! dijo Dios, o, al menos, responde parcialmente a ella.”
Moisés se dirigió entonces al joven:
“Te arriesgas a perder tu honor con tal deseo. Harías mejor renunciando, pues Satanás es el que, con su astucia, te inspira esa tentación. ¡Llénate más bien del temor de Dios!”
El joven le suplicó:
“¡Enséñame al menos el lenguaje de mi perro y de mi gallo!”
Moisés le respondió:
“Eso es posible. Podrás entender el lenguaje de esas dos especies.”
Volvió, entonces, el joven a su casa y esperó el amanecer en el umbral de su casa para verificar su nuevo saber. Muy temprano, su criada se puso a limpiar la mesa e hizo caer al suelo algunos trozos de pan. El gallo, que pasaba por allí, se los comió. En aquel instante, acudió el perro y le dijo:
“Lo que haces es injusto. Tú te alimentas de semillas, pero para mí, eso es imposible. ¡Habrías tenido que dejarme esos trozos de pan!
-¡No te preocupes! respondió el gallo, pues Dios ha previsto otros favores para ti. Mañana, el caballo de nuestro amo va a morir y tú y tus compadres podréis saciaros. ¡Será un alborozo sin límites para vosotros!”
Al oír estas palabras, el joven quedó muy sorprendido y llevó su caballo al mercado para venderlo.
Al día siguiente el gallo se apoderó de nuevo de los restos de la comida de su amo antes que el perro. Este se puso a renegar:
“¡Oh, traidor! ¡Oh, mentiroso! ¿Dónde está ese caballo cuya muerte me anunciabas?”
El gallo replicó sin alterarse:
“Pero el caballo ha muerto realmente. Nuestro amo, al venderlo, ha evitado desde luego perderlo, pero era retroceder para saltar mejor, pues mañana, es su mula la que va a morir y tendréis más que suficiente para saciaros.”
El joven, presa del demonio de la avaricia, fue a vender su mula al mercado, creyendo evitar así esta pérdida. Pero al tercer día, el perro dijo al gallo:
“¡Oh, tramposo! Eres, con toda seguridad, el sultán de los embusteros!”
El gallo respondió:
“El amo ha vendido su mula, pero no te inquietes pues, mañana, es su esclavo el que va a morir. Y, como de costumbre, distribuirá pan a los pobres y a los perros.”
Habiendo oído estas palabras, el joven fue a vender a su esclavo diciendo:
“¡He evitado tres catástrofes!”
Pero, al día siguiente, el perro se puso de nuevo a recriminar al gallo tratándolo de mentiroso. Este respondió entonces:
“¡No, no! te equivocas. Ni yo ni ningún gallo mentimos nunca. Somos como los almuédanos. Siempre decimos la verdad. Nuestro trabajo consiste en acechar el sol y, aunque estemos encerrados, sentimos su llegada en nuestro corazón. ¡Si nos equivocamos, nos cortan la cabeza!”
“Ya ves, prosiguió el gallo, la persona que ha comprado al esclavo de nuestro amo ha hecho un mal negocio, pues este esclavo ha muerto ya. Pero mañana, toca el turno de morir a nuestro amo y sus herederos se alegrarán tanto que sacrificarán la vaca. Te lo digo: mañana será un día de abundancia para todos. Tú quedarás satisfecho más allá de tus deseos. Nuestro amo, dominado por la avaricia, se ha negado a perder cualquier cosa. Sus bienes han crecido, pero él va a perder la vida con ello.”
Cuando hubo oído esto, el joven, temblando de miedo, se precipitó a casa de Moisés y le dijo:
“¡Moisés, ayúdame!”
Moisés respondió:
“¡Tienes que sacrificarte tú mismo si quieres salvarte, pues has trasladado tus contrariedades sobre los hombros de los fieles para llenar mejor tu bolsa!”
A estas palabras, el hombre se puso a llorar:
“¡No te muestres tan severo! No me tires de las orejas. Es verdad que he cometido un acto indigno. ¡Responde a mi indignidad con un nuevo favor!
-La flecha ha dejado el arco, dijo Moisés y no podría dar media vuelta. Pero rogaré a Dios para que te conceda la fe, pues, para quien tiene la fe, la vida es eterna.”
En aquel mismo instante, el joven sufrió una indisposición cardíaca y cuatro personas lo llevaron a su casa. Cuando llegó el alba, Moisés se puso a rezar:
“¡Oh, Señor! No le quites la vida antes de que haya adquirido la fe. Se ha conducido mal. Ha cometido muchos errores, pero perdónalo. ¿No había yo dicho que este saber no le convenía? Ningún ave puede sumergirse en el mar si no es un ave marina. El se ha sumergido sin ser ave marina. ¡Ayúdale, que se ahoga!”.
Dios respondió:
“Ya lo he perdonado y le ofrezco la fe. Si tú quieres, puedo también darle la vida, pues por ti, yo resucitaría a los muertos.
-¡Oh, Señor! dijo Moisés, aquí está el mundo de los muertos. El más allá es el mundo de la vida eterna. ¡Es, pues, inútil que lo resucites temporalmente!”
Por Yalal Al-Din Rumi

domingo, 9 de abril de 2017

Ciudadela

Sorprendido leyendo Ciudadela de Antoine de Saint-Exupéry, un autor que tenemos por olvidado más allá de El Principito...una obra mucho más desafiante por extensión y dificultad, pero que sin duda nada envidia al pequeño hombrecillo galáctico en cuanto a profundidad...aquí algunas citas de valor del libro:


Nada se espera del hombre que trabaja para su propia vida y no para la eternidad.

Sólo importa la diligencia. Porque ella es la que dura y no el fin que es ilusión del viajero, cuando marcha cresta en cresta como si el fin perseguido tuviera sentido.


Si tu amor no espera ser acogido debes callarte. Puede alentar en ti si es silencio. Porque crea una dirección en el mundo y toda dirección te aumenta cuando te permite aproximarte, alejarte, entrar, salir, hallar, perder. Porque eres el que debe vivir.

Cuán insensato el que pretende buscar la dicha de los hombres en la satisfacción de sus deseos, creyendo, de tanto mirarlos andar, que lo que ante todo cuenta para el hombre es el alcanzar el fin. Como si hubiera algún fin.

No inventes un imperio donde todo sea perfecto. Porque el buen gusto es virtud de guardián de museo. Y si desprecias el mal gusto, no tendrás ni pintura, ni danza, ni palacio, ni jardines. Habrás hecho el disgustado por temor al trabajo desaseado de la tierra. Te verás privado por el vacío de tu perfección. Inventa un imperio donde simplemente todo sea ferviente.


Unificar, es anudar mejor las diversidades particulares, no borrarlas para un orden vano.

La dificultad te entrega y te aporta la única libertad que cuenta.


¡Soy Tu!

Un buen día, Juan, un hombre honrado y piadoso, muere.

Como ha llevado una vida valiente, digna y con amor, automáticamente su Alma asciende al cielo.

Al llegar, se encuentra con una enorme puerta dorada.Después de esperar unos instantes,llama con tres golpes.

-¿Quién es? - Pregunta el arcángel Miguel desde dentro.

-Soy Juan - Responde el Alma.

-¡Fuera! ¡Aquí no hay lugar para ti!


Sorprendido y consternado, el hombre se queda a la puerta sin saber qué hacer.

Después de algunos meses (que en la Tierra equivalen a algunas horas) reflexionando, vuelve a llamar:

-¿Quién es? - Pregunta de nuevo el arcángel Miguel desde dentro.

-Soy Nadie - Responde Juan-Alma

-¡Fuera! ¡Aquí no hay lugar para ti!


Desolado y confuso, Juan-Alma se sienta a meditar durante algunos años (que en la Tierra equivalen a unos pocos meses) hasta que, serenada su comprensión, golpea tres veces la puerta.


-¿Quién es? - Pregunta otra vez el arcángel Miguel desde dentro.

-¡Soy Tu!


La puerta se abre al momento.



domingo, 2 de abril de 2017

El Quiosco

Un compañero nuestro iba cada día a comprar el periódico en un quiosco dónde el propietario, un hombre frustrado e irritable, siempre lo trataba con menosprecio y desdén.
Sucedía que a sólo un minuto del mismo había otro establecimiento en el que también era posible comprar el mismo periódico, pero el compañero en cuestión iba religiosamente al primero, día tras día.

Cuando, extrañados por su proceder, le preguntamos por que razón no iba al segundo quiosco, nos espetó:

-¿Y porque habría de decidir el quiosquero donde compro o no compro yo el periódico?




¿Cuándo nos comportamos como seres humanos responsables de nuestros impulsos y nuestra voluntad, y cuándo como animales reaccionarios y a merced de lo exterior?

sábado, 1 de abril de 2017

Maktub II

Caminaba con mi editor y su mujer, por un parque. Pudimos ver la ciudad de San Francisco a lo largo, iluminada por un sol potente.Ella escribió un libro sobre un monasterio benedictino, y cuenta que las oraciones de la tarde, llamadas "Vespertinas", son cantos de esperanza para la certeza de que la noche pasará.

"Las vespertinas nos indican la necesidad que tenemos de aproximarnos al otro, cuando la noche llega", dijo ella. "Nuestra sociedad aprecia mucho la capacidad que cada uno tiene de lidiar con las propias dificultades. Este individualismo lleva a la desesperación y a la soledad.

Fingimos que no nos importa la atención de los otros, mas basta un gesto de cariño y nuestra pose de héroe cae por tierra".

"No tengo miedo de depender del prójimo: él también está precisándome a mí".