Breve novela de Marsé, ubicada en Vich, dónde una serie de personajes de diversa procedencia se internan durante un corto período en 'De Colores', institución religiosa en la cual serán depositarios de los más fervorosos discursos proselitistas, en una cruzada ideológica por conquistar sus conciencias y reformarlas hacia el camino recto de la castidad. Entre todos ellos, algunos caerán, presas de las habilidades dialécticas de los teólogos, y otros resistirán, acorazándose en recuerdos de placeres mundanos... Lo más destacado del relato es la absoluta neutralidad, vacía de todo juicio, con que Marsé relata las posturas de unos y otros respecto al credo y la vida monástica.
"Durante dos horas alterna furibundos anatemas con súbitas absoluciones, comprensión y
piedad, remansos de humor misericordioso, irreal, catequístico, una beatífica visión
del Mal y de la cotidiana lucha por la vida incubada en confesonarios, oyendo
disparates día tras día."
"(«¿Creéis que los curas somos de piedra, que vosotros sois los únicos con esas cositas entre las
piernas, fanfarrones?», brama dejando estupefacto al auditorio) también él, bajo estas
grotescas faldas negras que tanto hacen reír a la gente, es un varón y que nadie se escandalice, no seamos mojigatos, también él se enternece y es sensible a la fugitiva belleza de las formas..."
"Orinando a distancia contra el cemento fresco, su compañero de
habitación le guiña el ojo, todavía con carmín en las manos y en el sexo, como si se
hubiese desollado: el tipo es de una inconsciencia altamente saludable."
"En los momentos de mayor vehemencia, en la alta y pálida frente del
mosén aparece una relampagueante vena violácea en forma de Y, y en su boca fina y
húmeda la palabra concupiscencia adquiere terribles resonancias vernáculas."
"Él piensa en Montse una y otra vez —imágenes
inesperadamente dulces, y confusas, susurrantes posibilidades de ternura amorosa—:
la ve con sus piernas juntas, tan inmóvil, tan concreta en el andén de la estación.
Montse y su sopa para niños pobres: en las laderas de Montjuich, caminando sobre
escombros pestilentes, entre barracas, churumbeles y moscas: alma soñadora y buena
roída día tras día por la dura realidad…"
"El lenguaje d’orsiano vendría a decir que la patética de la finitud no puede engendrar, de suyo, la
poética de la glorificación…"
"Y ya está debatiéndose en el tormento de la duda, esta maldita carne (se
golpea el pecho con el crucifijo), este maldito deseo como un aguijón de luz, como
una constante picadura de serpiente (la del Paraíso, hermanos) concentrando nuestra
floja voluntad y proyectándola luego al vacío, a la nada (pues, ¿qué hay sino la nada,
la náusea y la muerte en esa entrepierna sartriana? —fijando súbitamente los ojos en
el estudiante ateo), así que olvídala y procura estudiar..."
0 Comentarios