lunes, 7 de septiembre de 2015

Pequeños fragmentos de un Cuidador de Rebaños

Encuentro tan natural que no se piense
que, a veces, me echo a reír solo,
sin saber bien de qué, pero es de algo
que tiene que ver con que haya gente que piensa.


¿Una flor tiene acaso belleza?
¿Tiene acaso belleza una fruta?
No: tienen color y forma
y tan sólo existencia.
La belleza es el nombre de algo que no existe,
que yo doy a las cosas a cambio del placer que me producen.
No significa nada.

Entonces, ¿Por qué digo de las cosas: son bellas?



Sólo la naturaleza es divina, y ella no es divina...
Si hablo de ella como de un ente
es que para hablar de ella necesito usar el lenguaje de los hombres
que da personalidad a las cosas,


Si quieren que yo tenga un misticismo, está bien, lo tengo.
Soy místico, más solo en el cuerpo.
Mi alma es pura y no piensa.


la última mirada amiga al sosiego de los árboles, y después, cerrada la ventana, el velón encendido,
sin leer nada, ni pensar en nada, ni dormir, 
sentir a la vida correr por mí como un río por su cauce
y ahí fuera un gran silencio, como el de un Dios que duerme.


No basta abrir la ventana
para ver los campos y el río.
No es suficiente no ser ciego
para ver los árboles y las flores.
También es necesario no tener ninguna filosofía.
Con filosofía no hay árboles: sólo hay ideas.
Hay sólo cada uno de nosotros, como un sótano.
Hay sólo una ventana cerrada, y todo el mundo afuera;
y un sueño de lo que se podría ver si la ventana se abriese,
que nunca es lo que se ve cuando se abre la ventana.


Niño desconocido y sucio jugando a mi puerta,
no te pregunto si me traes un recado de los símbolos.
Te encuentro gracioso porque nunca te vi antes,
y naturalmente, si pudieras estar limpio serías otro niño
y ni habrías venido aquí.
¡Juega en la tierra, juega!
Aprecio tu presencia sólo con los ojos.
Vale más la pena ver una cosa por primera vez que conocerla,
porque conocer algo es no haberlo visto por primera vez,
y nunca haber visto por primera vez es sólo haberlo oído contar.
El modo en que este niño está sucio es diferente del modo en que los otros se ensucian.
¡Juega! Tomando una piedra que te cabe en la mano.
Sabes que te cabe en la mano.
¿Cuál es la filosofía que llega a una certeza mayor?
Ninguna, y ninguna puede venir a jugar nunca a mi puerta.


A veces me pongo a mirar una piedra.
No me pongo a pensar si siente.
No me extravío llamándole hermana mía.
Pero me gusta por ser una piedra,
me gusta porque no siente nada,
me gusta porque no tiene ningún parentesco conmigo.
Otras veces oigo pasar el viento,
y me parece que sólo para oír pasar el viento vale la pena haber nacido.



Acepto las dificultades de la vida porque son el destino,
Como acepto el frio excesivo en lo alto del Invierno —
Cálmamente, sin quejarme, como quien meramente acepta,
Y encuentra una alegría en el acto de aceptar —
En el acto sublimemente científico y difícil de aceptar lo natural inevitable. 



Alberto Caeiro

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