lunes, 11 de abril de 2016

Gramática de la Fantasía

El canto en el estanque

Si tiramos una piedra, un guijarro, un «canto», en un estanque,
produciremos una serie de ondas concéntricas en su superficie que,
alargándose, irán afectando los diferentes obstáculos que se
encuentren a su paso: una hierba que flota, un barquito de papel, la
boya del sedal de un pescador... Objetos que existían, cada uno por
su lado, que estaban tranquilos y aislados, pero que ahora se ven
unidos por un efecto de oscilación que afecta a todos ellos. Un efecto
que, de alguna manera, los ha puesto en contacto, los ha emparentado.
Otros movimientos invisibles se propagan hacia la profundidad, en
todas direcciones, mientras que el canto o guijarro continúa
descendiendo, apartando algas, asustando peces, siempre causando
nuevas agitaciones moleculares. Cuando finalmente toca fondo,
remueve el limo, golpea objetos caídos anteriormente y que reposaban olvidados, altera la arenilla tapando alguno de esos
objetos y descubriendo otro. Innumerables eventos o microeventos
se suceden en un brevísimo espacio de tiempo. Incluso si tuviéramos
suficiente voluntad y tiempo, es posible que no fuéramos capaces de registrarlos todos. 
 
De forma no muy diferente, una palabra dicha impensadamente,lanzada en la mente de quien nos escucha, produce ondas de
superficie y de profundidad, provoca una serie infinita de reacciones
en cadena, involucrando en su caída sonidos e imágenes, analogías y
recuerdos, significados y sueños, en un movimiento que afecta a la
experiencia y a la memoria, a la fantasía y al inconsciente, y que se
complica por el hecho que la misma mente no asiste impasiva a la
representación. Por el contrario interviene continuamente, para
aceptar o rechazar, emparejar o censurar, construir o destruir.


Gianni Rodari, "Gramática de la Fantasía", primer capítulo.

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