domingo, 31 de mayo de 2015

Siempre hay testimonio (Cuento Zen)

El Maestro pidió a sus tres iniciados su primer ejercicio:

"-Debéis marcharos con un conejo de bosque hasta un lugar donde no haya absolutamente nadie, ningún testimonio, y allí matarlo.Luego, volved y traédmelo.
El que realice este ejercicio bien continuará su aprendizaje conmigo"

Los discípulos capturaron sendos animales y siguieron las instrucciones del Maestro.
A media tarde los tres estaban de nuevo ante él, pero solo dos de ellos llevaban la pieza.

"-¿Y bien?" - Preguntó

"-Ahí está mi pieza, Maestro.He seguido sus instrucciones al pie de la letra" - dijo el primero, al cual siguió el segundo con similar explicación.

"-¿Y tu, joven?" - dijo, dirigiéndose al tercero, que regresó sin pieza.

"-Maestro, procuré seguir sus instrucciones de la forma más consciente y precisa posible.
Así que me fui muy adentro en el bosque, hasta dónde estaba seguro que no había nadie.
Luego, me dispuse a sacrificar al conejo...pero me dí cuenta de que, aún no habiendo nadie más...yo si estaba allí para verlo"


Y el tercer discípulo fue aceptado como alumno por el Maestro.

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